El reto de la sostenibilidad en el Mundial 2026
El Mundial de 2026, que tendrá lugar en tres países de América del Norte, se ha promocionado como la edición más sostenible de la historia del fútbol. La FIFA ha publicado un plan que incluye el uso de energías renovables, la compensación de emisiones y la construcción de estadios con certificación LEED. Sin embargo, la realidad de la logística del torneo plantea interrogantes.
El transporte aéreo, el mayor culpable
El número de equipos, delegaciones y aficionados que viajarán entre México, Estados Unidos y Canadá supera ampliamente las cifras de los torneos anteriores. Se estima que más de 200 aviones de pasajeros se usarán para cubrir los desplazamientos entre los distintos estadios, generando una emisión de CO₂ que, según estimaciones preliminares de grupos medioambientales, podría superar los 10 millones de toneladas de CO₂.
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¿Qué implica esto?
- Emisiones de vuelos: Los aviones de pasajeros son responsables de alrededor del 2 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Multiplicado por cientos de vuelos, el impacto se vuelve significativo.
- Compensaciones de carbono: La FIFA ha anunciado que invierte en proyectos de reforestación y energías limpias para compensar las emisiones. No obstante, la efectividad de estas medidas depende de la calidad, duración y transparencia de los proyectos.
- Impacto en la percepción pública: La brecha entre las promesas y la realidad puede erosionar la credibilidad de la FIFA y de los organizadores.
La huella de carbono de la infraestructura
A diferencia de torneos anteriores, donde los estadios se construían o renovaban en una sola nación, el Mundial 2026 requiere la construcción de nuevas instalaciones en varias ciudades. La construcción de estadios con certificación verde implica:
- Uso de materiales reciclados y de bajo impacto.
- Sistemas de gestión de residuos durante la construcción.
- Tecnologías de ahorro energético y captación de agua.
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Sin embargo, la construcción de nuevas infraestructuras suele generar una huella de carbono considerable en la fase de materialización. La pregunta es si los beneficios de la operación de los estadios superan el impacto inicial.
La logística y la huella de carbono de las delegaciones
Las delegaciones de equipos, medios de comunicación, patrocinadores y autoridades suelen viajar en jets privados y en aviones de carga para transportar equipamiento. Cada vuelo adicional se traduce en miles de kilos de CO₂. Las autoridades organizadoras han propuesto:
- Coordinación de viajes: Agrupar los desplazamientos en horarios comunes para reducir la cantidad de vuelos.
- Uso de transporte terrestre: Fomentar el uso de trenes de alta velocidad y autobuses eléctricos cuando sea posible.
- Incentivos para la reducción de emisiones: Bonificaciones a los equipos que adopten prácticas de reducción de carbono.
La controversia de las compensaciones
El modelo de compensación de carbono, aunque popular, ha sido criticado por algunos expertos por su falta de rigurosidad y por la posibilidad de que se utilice como un escape en lugar de una solución real. Los argumentos clave incluyen:
- Medición incierta: Es difícil cuantificar con precisión la cantidad de CO₂ que un proyecto de reforestación puede absorber a lo largo de su vida.
- Duración del proyecto: Los bosques deben mantenerse por décadas para cumplir su función de captación de carbono.
- Beneficios sociales: La compensación no siempre genera beneficios directos para las comunidades locales.
Perspectiva global y comparaciones
Comparar el Mundial 2026 con torneos anteriores requiere una metodología coherente. Algunos estudios han calculado la huella de carbono total por partido, por aficionado y por equipo. Si bien los datos varían, la tendencia indica que el volumen de desplazamientos es el factor más relevante.
Conclusiones
La sostenibilidad del Mundial 2026 es un tema complejo que combina aspiraciones ambiciosas con desafíos logísticos y ambientales reales. La FIFA y los organizadores deberán demostrar que las medidas propuestas van más allá de la compensación superficial y que el torneo puede convertirse en un modelo de responsabilidad ambiental.
Preguntas que quedan
- ¿Será suficiente la compensación de carbono para equilibrar el impacto del transporte aéreo?
- ¿Cómo se medirá la eficacia de las infraestructuras verdes durante la fase operativa?
- ¿Qué rol jugarán los aficionados y patrocinadores en la reducción de la huella de carbono?
Responder a estas preguntas determinará si el Mundial 2026 podrá llevarse el título de la edición más sostenible o si terminará como la más contaminante de la historia.